Tradicionalmente, a la hora de diseñar una cocina se partía de lo que llamamos el triángulo de trabajo, que fija tres zonas clave y bien diferenciadas (cocción, lavado y almacenaje), para así optimizar al máximo su distribución y hacer que la cocina fuera lo más cómoda y eficiente posible. Hoy en día esas tres zonas siguen siendo prioritarias, aunque es cierto que la cocina ha ido adquiriendo un mayor protagonismo dentro del hogar, convirtiéndose en un punto de encuentro familiar, e incluso incorporando nuevas zonas como una dedicada al estudio, al trabajo, al café… Sin embargo, el post de hoy va a estar dedicado a una de las partes del triángulo de

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